Zu en Movistar Arena

Luca Mai, Massimo Pupillo y Jacopo Battaglia son romanos y han publicado catorce discos en casi diez años de trayectoria. Y aunque en muchas partes del mundo son reconocidos como grandes exponentes de la música experimental, nunca deben haber imaginado tocar ante 15.000 personas y llevarse una ovación en un lugar llamado Santiago de Chile. El gran responsable de que eso ocurriera es Mike Patton, un músico que está consiguiendo algo que pocos creían posible: reinventar la voz.
Desde el momento en que terminaron de tocar los teloneros Libra presentí que algo extraño podría pasar. Cuando se prendieron las luces, estaba entretenido calculando cuánta gente había llegado y mientras mi mente pensaba en metros cuadrados y butacas disponibles me di cuenta de que por mis oídos entraban pifias, chiflidos y la voz de un mariachi. Volví a la realidad de la cancha y escuché a un metalero decir/gritar “¡Cómo nos ponen esta música mexicana, la gente de la producción no cacha nada!”. Cierto, pensé por un segundo. Espera… aquí hay algo raro. ¿La gente de producción? No lo creo, esta debe ser una jugada de la banda. Una selección musical que estaba allí para provocar o para anestesiar el oído, pero que en ningún caso era casualidad o fruto de un descuido. Algo estaba por pasar. De hecho, algo ya estaba pasando. Por los parlantes retumba el coro de Cucurrucucu Paloma y de las galerías cae un mar de silbidos, que dejan en el aire la certeza de que el público rockero no tiene humor ni tolerancia para la música que está fuera de sus códigos. Bajo esa premisa no pude evitar pensar en el concierto que cerraba la noche, la presentación de Scream (2009), el disco en que Chris Cornell suena a Christina Aguilera. Porque a fin de cuentas el rockero estaba ahí por Patton y por Cornell, por Faith No More, Soundgarden, Tomahawk, Audioslave, Fantomas, las chaquetas de cuero y las poleras de Led Zeppelin.
Escucho un rugido, me doy vuelta para ver el escenario y veo a seis enmascarados subir. Uno se sienta en la batería, otro toma un saxo barítono, el siguiente se cuelga un bajo eléctrico, el más pequeño se acerca a una mesa llena de juguetes electrónicos y dos gigantes se paran a los costados de la escena en actitud de sado-guardias.
Es la hora del delirio, la explosión, los ritmos metrallantes. Tiempos de consternación. Desde que Patton, Mai, Pupillo y Battaglia, se buscaron por primera vez con la mirada hasta que tocaron la última nota de su presentación, fuimos testigos de una experiencia auditiva extrema. Cincuenta minutos de música límite que no dejaron cupo para ningún hit de FNM (sólo el fanático más ingenuo los esperaba) y casi ningún hit a secas, salvo por 24 Mile Baci, un clásico de Adriano Celentano que Mike Patton ha versionado en más de algún proyecto, y por su excepcional interpretación de Crying, ese incombustible tema de Roy Orbison que aquí sonó en su popular adaptación al español titulada Llorando, lo más digerible de un show que ratificó las credenciales de Zu, demostró que su fama de cracks era justificada y evidenció que si esta banda merecía dar con un cantante a su altura, ese era Mike Patton.
Para valorar en su justa medida la presentación de Zu es necesario aceptar el hecho de que una canción puede ser abstracta. Porque a diferencia de un concierto tradicional, donde hay cosas que siempre ocurren de la misma forma, lo de ellos fue una clínica de experimentación musical avanzada, una clase de sentido rítmico y una prueba a la tolerancia dictada por cuatro intérpretes que saben brillar con luces propias. Y aunque todos son sobresalientes y cada uno de ellos bien vale una crítica positiva por su destreza individual, quien encandila es Mike Patton, un músico que hace tiempo superó la barrera de “gran cantante” para entrar a la galería de genio experimentador. Alguien que ha empujado los sonidos hasta más allá de lo imaginable y ha colonizado ritmos vírgenes en todos los estilos musicales. Un hombre que nació con una voz privilegiada y en lugar de conformarse con ella se propuso reinventar su don. Un músico como pocos, que vino a Santiago con Zu, tres italianos que son capaces de volarle la cabeza a cualquiera. Fue un privilegio verlos en vivo y en directo.
bonustrack Después de Zu vi a Chris Cornell por segunda vez y, una vez más, no me dieron ganas de comentar su concierto. Nuevamente tocó casi tres horas, estuvo repleto de clichés y de nuevo se me hizo eterno. A diferencia de su primera presentación en Chile -que fue en Espacio Riesco- esta vez el sonido estuvo mejor, lamentablemente las canciones de Scream son una pena. Sólo porque Cornell alguna vez fue uno de mis favoritos haré justicia diciendo que sigue cantando como un Dios del Rock y que, para su tranquilidad, todavía hay muchos que le tienen una fe incondicional.
Fotos Felipe Carrasco








March 30th, 2009 at 12:39 pm
IMPRESIONANTE!!!
Excelente crítica… Patton está loco, pero de esa locura que comparten sólo los grandes de las artes. En cuanto a ZU… una banda inigualable en despliegue, técnica y locura… realmente muy buenos músicos, si hasta quedé con gusto a poco y muy sordo al terminar el recital.
Sobre Cornell, pienso que si bien su último disco es una basura (digno de Rock and Pop o Carolina Discoteque), ratificó que tiene una voz excepcional y que a pesar de haber vendido parte del alma al diablo llamado Pop, sigue siendo un rock star.