Track 7 Sweet Charity

Una cosa es un tema playero que te hace soñar que juegas con los pies en la arena, mientras disfrutas una piña colada bajo una palmera. Y otra cosa es una canción que parece playera y que también te permite transportarte a una costa paradisíaca en lugar de tu calurosa y asfaltada ciudad, pero que realmente tiene mucho más de demencia vertiginosa que de relajo estival.

Llevo algo más de tres horas sentada en el auto esperando que llegue la grúa y el mecánico, quien “apenas se desocupe” vendrá con mi madre a sacarme del tedio insoportable que es esta espera. Es la segunda vez en la semana que esto sucede y, a pesar de que sabían que esto podía ocurrir, me mandaron a hacer trámites a los barrios más altos y aislados de la capital que es donde me encuentro ahora, a cuarenta minutos caminando de la micro más cercana (ocho años atrás no me imaginaba que, actualmente, con el Transantiago la micro pasaría aún más lejos). La idea de tomar un taxi es imposible porque me prohibieron dejar botado el auto y porque bueno, mi billetera lo único que tiene adentro es un par de boletas que no sé por qué guardé. Tampoco puedo llamar a alguien porque no tengo minutos en el celular y en realidad sólo soy una universitaria que lo único que piensa es que tiene tres meses de vacaciones por delante y no puede creer que estén partiendo de esta manera.

Los asientos tipo cotelé en invierno podrán ser un agrado, pero en esta sofocante tarde de principios de verano son una tortura. El tiempo parece haberse detenido y sólo sé que avanza por la diminuta sombra de un arbolillo que se arrastra en la vereda y que no alcanzo a disfrutar. Claramente, mi humor es el peor y no paro de pensar en miles de por qué: por qué no se me ocurrió traer un libro, por qué no compré cigarros, por qué no traje mi botella de agua que llevo a todos lados y que justo hoy olvidé, por qué me mandan a hacer cachos si acabo de salir de vacaciones, por qué el mecánico no llega, por qué la maldita batería se rehúsa a funcionar si se supone que está nueva y por qué no se les ocurre inventar una radio que prenda aunque el auto se empiece a incendiar. Al menos así podría escuchar el disco que ando trayendo, California (2000), el último de Mr. Bungle que salió hace un par de meses y que recién conseguí hace unos días. Sweet Charity es el primer tema de éste y es la canción que ahora recuerdo por varios motivos. Cuando salí de mi casa y empezó a sonar me pareció que era estupendamente playera y eso de ir manejando con el pelo al viento con un ritmo que te remite a costas soleadas me resultó ideal.
Claro que ahora la sensación de que la música sea capaz de transportarme a otro lugar mental empieza a cobrar un nuevo significado, y me alegro de que sea lo único que suene en este minuto en mi cabeza. Así que muevo el asiento hacia atrás, me pongo los anteojos de sol, me saco las chalas e imagino que el suelo es arena, que la alarma que oigo a los lejos es una gaviota y que el aire caliente es una refrescante brisa marina. Eso hasta que me acuerdo que parece que ando con mi mochila en la maleta. Me levanto de la arena de un brinco, me quemo los pies con el cemento, abro la puerta trasera y ahí está mi linda mochila universitaria, que no sólo guarda un montón de aburridas fotocopias de teoría del arte que no pienso mirar en estos tres meses, sino que también tiene lo que me parece el mejor invento del mundo en este minuto: ¡mi discman! Desbordada de felicidad de inmediato vuelvo a mi silla playera, me pongo los audífonos y presiono play, sin importarme ya cuánto más puedan tardar en venir por mí. Sweet Charity ahora sí que suena de verdad…

El disco termina y me vuelve a importar que llevo horas aquí esperando y, como no hay otro más, lo pongo otra vez. Trato de recobrar la sensación playera con Sweet Charity, pero a medida que avanza la canción empiezo a pensar que de playera, realmente, mucho no tiene. Es cierto que no es necesario que un tema hable de sol y palmeras para que le pongamos esa etiqueta, porque la relación al respecto siempre es bastante personal y muchas veces tiene más que ver con las experiencias o recuerdos con que la asociamos.
La letra de Sweet Charity está lejos de referirse a una situación veraniega e incluso hay quienes la interpretan como una canción de tendencia suicida que trata de un hombre de edad avanzada y en estado senil abandonado en un asilo, olvidado por sus familiares y completamente solo, quien únicamente quiere escapar y olvidar y una copa de veneno al parecer lo ayudará.
Nada más alejado del relajo estival que a mí siempre me produce la melodía que atraviesa casi todo el tema, independiente de los cambios en el ritmo que luego se suceden, cambios que por lo demás le añaden una dinámica emocional y sostienen esa mezcla algo bizarra entre ironía y sentimiento, entre miseria interna y tranquilidad.
Porque lo que se ve y lo que se oye no siempre es lo que parece, lo que mostramos no siempre es lo que somos o sentimos, porque donde estamos no siempre es donde queremos estar y porque muchas veces imaginamos estar en otro lugar.

Cuando la grúa finalmente engancha el auto, me voy pensando que Sweet Charity fue el tema perfecto para este día de baterías dañadas, de fastidiosa espera y mecánicos que nunca llegan, mientras me sacudo la arena de encima, doblo mi toalla y cierro el quitasol.

bonustrack Son muchas las letras en California con asociaciones curiosas –aunque tratándose de Patton no tiene nada de raro-; los coros de Goodbye Soberday fueron basados en rezos exorcistas, en Ars Moriendi se refiere a la muerte en frases en latín como “Ars Moriendi” (el arte de morir), “Ride Si Sapis” (ríete si la conoces) o “Ave Atqe Vale” (que significa algo así como “hola y adiós”). Y en Vanity Fair se refiere a los Skoptsi, una secta rusa de la iglesia ortodoxa fundada en 1757, quienes practicaban la auto castración porque creían que luego de la expulsión de Adán y Eva del Edén, la fruta prohibida que éstos comieron se habría transformado en los testículos y pensaban que castrándose se limpiarían del pecado original.

2 comentarios en “Track 7 Sweet Charity”

  1. Maxwell dice:

    chaaaaaaaaaa

    prefiero vivir con el pecado original que cortar mis frutitas

  2. V. dice:

    Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché el disco de Mr. Bungle (el homónimo)… habían pasado ya un par de años desde su lanzamiento (4 o 5 años fácil), y en una fiesta de una compañera de colegio, (yo en enseñanza media, por cierto) en donde abundaban estudiantes universitarios del tipo “somos locos alternativos”, se comenzó a bailar de forma frenética cada uno de los tracks de aquel cd… me voló los sesos. Mr. Bungle es la banda que hizo que Patton se ganara todo mi respeto, más que Faith no More, Fantomas y todas las demás… creo que el trabajo que realiza John Zorn es notable al utilizar a la “herramienta Patton” con tal habilidad.

    Y el California fue un trabajo que superó con creces (creo yo) a Disco volante (que en parte es muy “Fantomatizado”), retomando aquellos guiños con el jazz más experimental duro y con el pop-rock del primer Bungle… ahhh… que nostalgia de aquellos días de juventud. (jajaja, un discman… ¿impúdica caída de carné, no?)

    PD: a propósito de jazz/fusión/rock/pop/experimental… ¿alguien ha escuchado lo último de The bad plus?

    Saludos.

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