Salif Keita en Parque Araucano

Llegué al Parque Araucano sabiendo poco sobre Salif Keita. Demasiado poco. Sólo conocía parte de su biografía, había visto algún video en youtube y conseguido un par de mp3, pero no había podido escuchar completo ninguno de sus discos. Y aunque sabía que le decían “La voz dorada de África” y estaba preparado para encontrarme con un gran cantante, jamás pensé que iba a ser una noche de tantas sorpresas.

Apenas supe que uno de los actos principales del Festival Santiago a Mil sería un músico de Mali llamado Salif Keita me puse a buscar información sobre él. Pero una cosa es leer reseñas, escuchar canciones en formatos comprimidos y ponerle play a videos pixelados y otra muy diferente conocer bien el catálogo de un músico. Lamentablemente, sólo tuve tiempo para lo primero.
La gran confirmación de que Salif Keita sería un imperdible vino un par de días después, cuando vi a Joe Vasconcellos en el Festival Músicas del Mundo y en medio de su presentación se detuvo para recomendar este concierto, que definió como “un sueño hecho realidad”.

Nunca antes había ido a un recital en el Parque Araucano, así es que decidí llegar un buen rato antes para no dar bote. Me encontré con una multitud sonriente, que jugaba con pelotas de colores y disfrutaba de una especie de “día de campo cultural” de mitad de semana en un ambiente totalmente familiar.

Cuando la tarde empezaba a teñir de lila el cielo de Santiago, las miradas se alinearon sobre la figura de un hombre que brillaba luz. Salif Keita subió al escenario vestido totalmente de blanco en una escena mágica, casi como un pontífice musical que venía a iluminar los corazones y oídos de una feligresía que llevaba años esperando su aparición.
Con él llegaban dos guitarristas, dos percusionistas, dos coristas, un bajista, un baterista y un tipo que traía consigo un instrumento que no se ve mucho por estos lados: el Kamele Ngoni, una especie de guitarra artesanal de seis cuerdas que es pariente del Berimbau (la cuerda tensada por un arco que marca el ritmo de la Capoeira), cuyo nombre quiere decir “arpa juvenil”.

El concierto de Salif Keita fue lo más hi-fi que se le puede pedir a un recital al aire libre. El sonido de cada instrumento se abría paso entre los demás (y entre la poderosa voz de Keita) con claridad y sin saturar el volumen. Ningún micrófono acopló y ningún sonido fuerte trató de comerse al más débil. Me atrevo a decir que si tuvieras que poner un disco de Salif Keita en tu casa, lo pondrías al mismo volumen que sonó en el Parque Araucano.

Como -ya está dicho- no soy un conocedor del catálogo de Salif Keita no reconocí ninguna de las canciones que tocó, aunque la verdad es que eso poco importó. De hecho, fue incluso mejor para dimensionar la real valía de su concierto, porque cuando te enfrentas a un artista prácticamente desconocido que toca durante casi dos horas y terminas bailando, aplaudiendo y pidiendo el bis, significa que el show en realidad tocó alguna fibra especial y creo que eso mismo le pasó a la gran mayoría del público que lo vió esa noche.

Antes del concierto se habló de “El caruso africano” y “La voz dorada de Africa”, así es que durante mucho rato estuve esperando el momento en que Salif Keita iba a fanfarronear de su talento en algún solo cliché, pero eso no pasó. Otra sorpresa más. Su impresionante capacidad de impostación vocal se paseó desde un estilo aflamencado hasta la clásica canción pop con una versatilidad impresionante, e incluso dejando lugar para que las voces de sus coristas también brillaran. Quizás su principal momento de lucimiento personal vino en una sesión acústica de dos canciones (donde también demostró ser un espléndido guitarrista), que terminó con una breve pieza a capella que dejó sin habla a todo el mundo excepto a los vendedores ambulantes quienes, sin importarles lo que estaban escuchando “se avivaban” aprovechando el momento de silencio para gritar “bebidaaa”.

Además de Salif, todos sus músicos tuvieron la oportunidad de tocar un solo y todos estuvieron sobresalientes, especialmente Harouna Samaké, el intérprete del Kamele Ngoni, quien incluso se las dio de Hendrix y tocó su instrumento en todas las posiciones imaginables. Probablemente Samaké sea el mejor intérprete del mundo del instrumento y su performance fue una verdadera clínica musical que espero poder volver a ver alguna otra vez.

En resumidas cuentas, Salif Keita fue uno de esos músicos que justifican todo lo que se dice sobre ellos en la previa y su concierto fue una de las mejores demostraciones que me haya tocado ver de que la música no tiene idiomas, razas ni colores.

bonustrack La frase que mejor resume el concierto de Salif Keita es “gracias, muchas gracias”. Primero porque fue lo único que Salif pudo articular en español. Segundo porque se tomó el tiempo de agradecer públicamente a cada uno de sus músicos. Tercero porque nombró a cada uno de los miembros de su delegación. Cuarto porque pidió un aplauso para Carmen Romero, la Directora del Santiago a Mil quien se llevó una merecida ovación. Quinto porque agradeció una y mil veces al público y terminó su concierto invitando a los de adelante a subir al escenario. Sexto porque si alguien se lo ganó fue él mismo. Gracias Salif, Muchas Gracias.

Fotos Felipe Carrasco

4 comentarios en “Salif Keita en Parque Araucano”

  1. Blanca Camus dice:

    Salif Keita… Gran concierto! Fui con las mismas espectativas y estuvo buenísimo, que agradable son los conciertos a mitad de semana y al aire libre. Fue notable su música y él…un grande!
    Un dato: le compré una bebida al vendedor ambulante, jajaja

  2. c dice:

    sería buena si pudieran avisar con anticipación los conciertos que se vienen y de que se tratan mas o menos… para poder ir…

  3. María Kaulen dice:

    Pues precisamente, muy pronto se viene la puesta en marcha de esa sección!

  4. Chela dice:

    Tuve la suerte de escucharle en directo aquí en Galicia. Es algo fuera de serie, ¡como para no perderlo! Después deescucharlo vuelves a casa con el ritmo en el cuerpo.¡es gradioso!

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