bonustalk: Entrevista con Sebastián Jatz

Sebastián Jatz

Conversamos con Sebastián Jatz, el artista que organiza el primer Musicircus de Latinoamérica. Un músico que durante años ha investigado y divulgado la obra del compositor estadounidense John Cage y que finalmente encontró una excelente ocasión para llevarla a cabo. Un hombre que cree que todos somos autores y espectadores de una gran composición musical llamada vida.

¿Qué es Musicircus?

Musicircus es una obra que hizo el compositor norteamericano John Cage en el año 1967 en la Universidad de Illinois, en la cual reunió a cinco o seis músicos distintos (entre ellos estaba él), tocando obras suyas, de Satie y obras de otros compositores al unísono. Además, había pintores, mimos, actores y bailarines.
El asunto consistía en tener a toda esta gente realizando su acto personal en un mismo lugar -que era un gimnasio-, durante cuatro o cinco horas. Y eso fue.
Fue un evento que tenía que ver dentro del contexto de los Happenings que estaban sucediendo en esa época, que era tener una gran cantidad de cosas pasando al mismo tiempo, en la cual ninguna es protagonista, sino que es el público el que elige a qué es lo que quiere prestarle atención. El público es quien arma su propia versión de la obra a partir de sus elecciones…
Pero John Cage nunca la publicó. Él solía escribir indicaciones en prosa de lo que había que hacer, pero no la publicó porque quiso que esta obra quedara fuera del sistema convencional de economía. No lucró con ella. A los músicos y a la gente que participó no se les pagó y el público tampoco tuvo que pagar.

¿Eso mismo va a pasar aquí en Chile?

Absolutamente. De eso se trata. Ninguno de los músicos recibe dinero por hacerlo, el público tampoco paga y yo tampoco recibo un peso por organizarlo. La obra conserva ese espíritu. La diferencia es que esta versión es exclusivamente musical, no se incluyeron malabaristas, bailarines, pintores, mimos, sino que lo hice sólo con música. En parte porque a mí como compositor lo que me interesa es el fenómeno musical de lo que significa tener a tanta gente tocando al mismo tiempo y, por otra parte, porque es en el marco de la inauguración del Festival de Música Contemporánea y me pareció que lo apropiado era hacer un evento exclusivamente musical.

Son 150 músicos…

Son más, son 190 músicos de hecho. Son 61 estilos musicales.

¿Cuánto te demoraste en armar todo esto?

Bastante poco en realidad. No fue tan difícil porque pasaron varias cosas… Yo había leído sobre esta obra en un libro de Cage y en ese momento me llamó la atención, me pareció fascinante. Después, me tocó ir a Londres porque estudié un master en composición ahí y fui en diciembre a dar las audiciones en el conservatorio. Quedé y tuve que volver en septiembre del año siguiente para comenzar las clases. Tras dar las audiciones volví a Chile, pero supe que unas semanas después de que me fui se hizo el Musicircus allá.
Había un festival de Cage que duraba una semana y se hacía el Musicircus con varias estrellas (John Paul Jones y Yoko Ono, entre otros) y me lo perdí, entonces me quedé con las ganas…
Hasta que este año, el 31 de marzo, me encontré con Alejandro Guarello, que es el director del Instituto de Música y el organizador de este festival. Nos encontramos en un concierto; no nos veíamos hace tiempo. Conversamos y me preguntó algo absolutamente normal, en relación a si yo tenía alguna obra que presentar en el festival de este año. Y ahí (chasquea sus dedos) hice click y le propuse montar el Musicircus de Cage. Le dije que eran ciento y tantos músicos tocando al mismo tiempo y se cagó de la risa y me preguntó cómo le íbamos a pagar a tanta gente. Le dije: “yo te presento el proyecto en un mes más…” Y en ese mes conseguí 52 grupos musicales distintos. Fue muy inmediato, la aceptación de la gente fue buenísima. De hecho, nadie rechazó la idea ni pidió dinero a cambio. Todos querían participar de esta obra inaudita. Fue a través de correos, redes de contacto, preguntando, haciendo listas de distintos estilos y viendo quién podía llenar esos espacios.

¿Cómo fue el proceso de selección?

Hubo algunos filtros. Por ejemplo, no podíamos tener batería. Si había una banda punk, una banda reggae, una banda rock, etc., iba a ser un problema mayor porque dado el espacio físico del lugar donde se va a realizar, la batería se lo iba a comer todo. Entonces, las bandas quedaban descartadas de plano. Tampoco quería que fuera una palestra para el cantautor mostrando sus canciones, sino que la idea es hacer una especie de museo de distintas manifestaciones musicales. Una especie de museo objetivo con gente tocando ya sea música tradicional o música de compositores muertos, pero no un escenario personal donde toquen sus canciones. Es un muestrario general de posibilidades musicales.

Cuando contabas la idea… ¿Cuántos conocían el trabajo de John Cage?

Poquísimos. De hecho, sucede con mayor frecuencia que los artistas plásticos o visuales conocen mejor la obra de Cage que los músicos. Cage, por ejemplo, no se enseña en los conservatorios. Yo entré a estudiar composición por Cage, quería hacer música como él, pero adentro me dijeron “olvídalo, tienes que hacer una fuga primero, después haz lo que quieras”. Bueno, y así fue (ríe)… y estaba bien, tenía que aprender todo eso antes… Perdón, ¿cuál fue la pregunta?… Se me fue el hilo…

…si conocían la obra de Cage

Para nada, y creo que muchos siguen sin conocerlo. De hecho, yo sólo los invitaba a participar del evento, mi idea no era contarles sobre el personaje. Imagino que algunos ya se habrán enterado, habrán investigado, habrán averiguado…
En todo caso, durante el evento va a haber información sobre John Cage, habrá pendones con extractos de Cage, información sobre el Musicircus y sobre John Cage de manera biográfica.
Ahora bien, la obra de John Cage se divide en dos partes: la parte musical y la parte escrita. Él escribió muchísimos libros, lo que para mí es lo más significativo de su obra, porque ahí están todas sus ideas. Por lo general su música no es tan fuerte como las ideas que hay detrás de ella. El sonido resultante no es tan importante como la intención que hay detrás de él.
Tampoco se toca mucho a John Cage en los conciertos ni hay muchos de sus libros traducidos al español.

¿De dónde viene tu interés por John Cage?

No estoy cien por ciento seguro de cómo lo conocí, creo que por un documental de Film & Arts. Yo estaba en el colegio, tenía 17 años y me interesaba la música, en especial el rock. También me gustaban Bach y Beethoven aunque no me preocupaba mayormente por la música. Pero cuando vi a este tipo me llamó muchísimo la atención, encontré sorprendente que dentro del lenguaje de la música se pudieran hacer las cosas que hacía el. Ahí encargué un libro, una antología de escritos sobre Cage y de Cage y me obsesioné. Me fasciné con él desde entonces hasta hoy.

Es un artista que deja casi todo en manos del azar…

Simplemente da el punto de inicio y el punto de término y lo que sucede entremedio está fuera de su control. Él no componía con la gente, no decía “ahora tú te callas y tú subes”, ni nada de eso.

Leí que le bajaste la duración a esta versión de Musicircus

Fue por un asunto práctico y porque creo que funciona bien durante dos horas, que no es necesario que dure cinco ni seis. En todo caso, se han hecho distintas versiones en Estados Unidos, Bélgica, Inglaterra, España, Australia… Alrededor de diez desde 1967. De hecho, hace una semana atrás empezó un festival gigantesco sobre John Cage en Valencia, que dura cerca de tres meses y tiene talleres, charlas, muestra de obras gráficas, partituras, etc.… Bueno, y comenzaron con un Musicircus de 400 músicos y cerca de seis horas de duración.
Una de las cosas que mencionaba Cage es que debía durar más que un concierto normal y, por lo general, un concierto tradicional dura una hora o un poco más, pero pocas obras duran dos horas; en ese sentido, creo que sigue fiel a la idea original. Además estoy seguro de que a John Cage no le importa que uno haga esos cambios.

Corrígeme si me equivoco… pero me parece que la música de Cage es el mejor escenario posible del presente porque no se planifica el futuro y, como no se graba, tampoco queda una cinta que reproduzca el pasado. ¿Piensas seguir a esa estructura? ¿No quedará una versión grabada?

Sólo a nivel de registro. Como una manera de que quede algún material para referirse sobre el evento que sucedió. Habrá registro sonoro, fotográfico y de video. De hecho, mucha gente se ha ido sumando por Motu Propio, gente que se enteró del evento, me contactó y me dijo “me encantaría poder filmar o sacar fotos”. Son todos bienvenidos.

Además de ser reconocido como un músico de vanguardia, John Cage es considerado importante en el desarrollo de la danza moderna y es un escritor que tiene más de alguna frase célebre… ¿Cuál de sus frases te identifica mejor?

Una que me encanta es “No tengo nada que decir y lo estoy diciendo y eso es poesía como yo la necesito”. Es una frase bella… El tipo era hijo de un inventor, lo tenía en la sangre y de hecho, mucha gente cree que Cage no era realmente un músico sino que era una especie de filósofo-poeta-pensador que usó la música como su medio de expresión. Incluso él confesó no tener “oreja”, lo que me hace perfecto sentido. En realidad, tenía otra clase de oreja.

Una diferente a la de la mayoría, de todas maneras… ¿Cómo empieza y cómo termina el Musicircus?

Una de las preocupaciones de Cage era que la música imitara a la naturaleza en su forma de actuar, en su forma de operar y, por supuesto, el Musicircus es lo mismo que hay cuando sales a la calle, donde hay una infinidad de cosas sucediendo, todas distintas, todas independientes, pero interconectadas. Y tú como espectador del mundo eliges fijarte en las que te provocan curiosidad o te llaman la atención y armas tu propio recorrido. Lo que yo camino de acá al metro y lo que tú caminas de acá al metro es completamente distinto, porque cada uno se fija en distintas cosas. Musicircus es, de alguna manera, una réplica de la realidad. Te pone ciertas interrogantes: están los músicos tocando, pero también está el público y el público va a estar hablando, va a estar moviéndose, va a estar generando sonido; de hecho, el público es otro intérprete más. No lleva cartelito ni está puesto en la lista de participantes, pero es así. Sucede.
Y claro, como no se les paga a los músicos al final se hará un banquete para todos los intérpretes que participaron y eso también va a ser una réplica del Musicircus, porque va a estar todo el mundo hablando al mismo tiempo… y tú vas a elegir escuchar a quien quieras escuchar particularmente, pero si te paras en una esquina vas a escuchar esta gran cacofonía de gente hablando al mismo tiempo.

¿Qué pasa si el público quiere participar? ¿Si de forma espontánea lleva algún instrumento?

¡Bienvenido! Si alguien del público quiere ponerse a silbar en un rincón o traer un instrumento, fantástico. Eso es lo fascinante de una obra de estas características. Como nunca antes se ha hecho acá, mucha gente se va a encontrar con algo inesperado, nuevo y puede que algunos se molesten y encuentren insoportable la situación, ya que requiere cierta resistencia a la cacofonía porque va a ser una suma de muchos sonidos. Puede que haya gente que se moleste y se quiera ir… y eso es parte de Musicircus. Yo los invito a participar.

3 comentarios en “bonustalk: Entrevista con Sebastián Jatz”

  1. María Kaulen dice:

    Fabulosa iniciativa la de hacer un Musicircus en Chile!!!
    Y sí, es verdad eso de que los artistas plásticos conocen más a Cage… de hecho yo la primera vez que supe de él fue por unos compañeros de la Escuela (de Artes de la Chile). Es que su obra atraviesa muchas problemáticas que para los ratones-de-biblioteca-teoricos-del-arte como yo, encontramos muy interesantes.

    Aunque tengo una duda Sebastián… con lo que dices del registro… ¿no crees que grabar aunque sea como registro es de todas formas un modo de perpetuar la obra en el tiempo??… Toda este facilismo actual que hay para registrar todo (hasta con los celulares…), qué pensaría Cage de eso?….

  2. Sebastián Jatz Rawicz dice:

    Estimada María, respondo tus inquietudes. La perpetuidad que le da un registro a una obra de este tipo, o la verdad es que a cualquier obra, no es más que una pálida versión de la realidad. Una obra de teatro filmada es triste y muy lejana de lo que uno podría haber visto en el teatro. Creo que la posibilidad de acceder masivamente a estos medios de copia y reproducción no es un mal en sí, por supuesto que de alguna manera cambia las reglas del juego y hace que ahora sea incluso más grande el desafío para producir algo de calidad. Cage estaba muy familiarizado con los avances tecnológicos de su época y les saco el mejor provecho posible y estoy seguro que estaría haciendo maravillas con la cantidad de celulares que andan circulando.
    Te felicito por andar de ratón por las bibliotecas…conoces la obra de Jan Fabre? a fin de mes habrá una retrospectiva en el MAC de su obra plástica y en enero viene con Troubleyn su compañía de teatro a estrenar una obra dentro del Santiago a Mil, no te lo pierdas! también se lanzarán un par de libros bastante interesantes…saludos

  3. María Kaulen dice:

    Sebastián, estoy 100% de acuerdo con lo que dices respecto a la palidez de los registros de cualquier tipo de obra. Bueno, ahí entra también la problemática de la copia en la obra de arte, pero eso ya da para mucho… En fin, surgen infinitos temas que quizá algún día se dará la ocasión de comentar.
    Y gracias por el dato de Jan Fabre, no lo conocía, así que me dispongo a buscar info sobre él ahora mismo!

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