Nine Inch Nails en Movistar Arena

Nine Inch Nails llegó hasta Santiago de Chile con menos bombo que muchos otros actos que son anunciados como megaconciertos. Pero lo que los grandes medios no sabían era un secreto a voces para las casi diez mil personas que llegaron hasta Movistar Arena, para vivir una experiencia artística que lleva la música directo hacia el futuro.

Antes de entrar a la cúpula central del Parque O’Higgins iba mentalizado a encontrar una posición estratégica donde pudiera ver el escenario con la mejor panorámica posible. Esta vez las bondades de la cancha no estarían en la refriega fundamental por alcanzar la reja (que sigue siendo lo mejor), sino que en la tranquilidad del rincón sombrío para acechar el escenario evitando cabezas impertinentes que taparan el mínimo centímetro de visión. Primero me dirigí al centro y luego hacia la derecha para evitar una extraña estructura metálica que asomaba desde la reja que separa la cancha vip del campo general. Finalmente, atrás y al fondo.
Las luces que bajan y Nine Inch Nails que se tira de cabeza con la música de The Slip (2008), el disco responsable de este tour mundial. Las cuatro primeras canciones del álbum fueron las cuatro primeras del concierto, en el mismo orden, con una determinación encomiable y un nivel de sonido que comenzó algo débil, pero que se fue afirmando con los minutos hasta lograr una acústica sorprendente para una agrupación que suena a ratos tan industrial y a ratos tan metálica como NIN.
Con el sonido en su justa ecualización y la banda en caliente tras una excelente apertura, el espectáculo comenzó a mutar hacia lo visual y el engendro mitad humano mitad digital ideado por Trent Reznor comenzó a mostrar sus credenciales de show impresionante. Y es que nos enfrentamos a un concierto con tal nivel de despliegue que, a ratos, resultaba difícil recordar que al frente estaba tocando un grupo fantástico por lo que fue casi titánico vivir el recital sin parecer un mosquito hipnotizado por las luces.

La de NIN es una puesta en escena impecable desde todo punto de vista. En términos gráficos, es una propuesta futurista basada en aquel imaginario que tiene que ver con Matrix y la revolución de la tecnología desde el punto de vista de la programación dura y no desde la alta definición. Una de las primeras cosas que me llamó la atención fue que, a veces, daba la impresión de que los músicos y la pantalla de fondo se fusionaban en pixeles, fundiéndose en una insolente criatura formada por unos y ceros. Con el paso del tiempo los recursos fueron creciendo cada vez más hasta que la banda logró lo que insinuaba, mimetizándose con la escenografía gracias a una impresionante interacción de cámaras y pantallas. Hubo momentos en que incluso desafiaron lo creíble y empezaron a pasar cosas inesperadas como, por ejemplo, borrar las imágenes con un haz de luz o armar un loop de percusión usando el telón de fondo como un improvisado touch screen, tal como si estuvieran creando una base en un programa de computador.

Sin embargo, me parece necesario reparar en algo que se está transformando en una costumbre aburridora e incluso facilista y tiene que ver con el cliché político que tanto les gusta exteriorizar a los gringos y europeos que vienen hasta Chile. Y aunque resulta entendible que Trent Reznor quiera empatizar con nosotros diciendo “El país donde vivo perdió la cordura, pido perdón por mi presidente”, creo que la parte del concierto dedicada a exponer que Bush es igual a McCane para explicarnos quienes son los buenos y quienes los malos estuvo de más. Nosotros lo tenemos muy claro, lo importante es que lo sepan en Estados Unidos; aquí nadie votó por Bush.

Cuando el concierto iba cerca de la hora, el espectáculo entró en una espiral tecnológica que proponía una sorpresa tras otra: el armatoste digital comenzó a moverse, la misteriosa estructura metálica del centro de la cancha reveló su identidad (eran cámaras, obviamente), las luces que eran 2D se convertían en 3D, etc.

En cuanto al repertorio, la banda repasó lo más destacado de su catálogo discográfico con especial énfasis en The Slip. Los puntos más altos en relación a la respuesta del público fueron 1.000.000, Closer, Head Like A Hole y Hurt. Y respecto a la sensasión, fue como meter los dedos al enchufe para sentir (aunque sea por un instante) el poder devastador de Trent Reznor y compañía, quienes a nivel instrumental se mostraron impecables, pero además dejaron una impresión de perfección en términos de guión. Desde el arranque hasta un final de colección, con Reznor cerrando el concierto sentado al piano, tal como si fuera una gran película.
Cuando creíamos que la época moderna nos había hecho perder la capacidad de asombro vino NIN a dejarnos boquiabiertos con una integración total de música y artes visuales.

bonustrack El concierto de Nine Inch Nails estaba en su máximo momento de despliegue tecnológico cuando Trent Reznor, en un ataque de humanidad, tomó el atril de su micrófono y lo tiró hacia adelante impactando de lleno el telón digital que en ese momento se encontraba entre él y el público. El resultado del arrebato fue que, a partir de ese momento, la pantalla quedó averiada y a pesar del esfuerzo del equipo técnico de NIN por repararlo no consiguieron hacerlo. Como para recordarnos que Reznor también es humano.

Nine Inch Nails en Arena Santiago

Setlist

01 999.999
02 1.000.000
03 Letting You
04 Discipline
05 March Of The Pigs
06 Piggy (Nothing Can Stop Me Now)
07 The Frail
08 The Wretched
09 Head Down
10 Closer
11 Gave Up
12 Corona Radiata
13 The Warning
14 Vessel
15 Pinion
16 Wish
17 Terrible Lie
18 Survivalism
19 The Big Come Down
20 31 Ghost IV
21 Only
22 The Hand That Feeds
23 Head Like a Hole
24 Echoplex
25 Reptile
26 God Given
27 Hurt
28 In This Twilight
29 Zero-Sum

Nine Inch Nails

Trent Reznor voz, guitarra, teclados, efectos
Robin Finck guitarra, voz
Josh Freese batería, percusión, bases
Justin Meldal-Johnsen bajo
Alessandro Cortini teclados, efectos

Trent Reznor “Prometo que no pasarán 18 años para que regresemos a Chile… además en 18 años más estaremos muertos”.

Fotos Por Rodrigo Peralta

3 comentarios en “Nine Inch Nails en Movistar Arena”

  1. plaxtonpass dice:

    Paresssshhhh que me lo perdisssshhhh

  2. María Kaulen dice:

    Casi apenas salí del concierto, aún completamente aturtida e impresionada por lo que acabábamos de presenciar, sonó mi celular. Era una amiga que también había estado en cancha. Como no pudimos encontrarnos adentro, me pareció lógico que llamara para comentar.
    ¿Aló, Carola?
    “No llego…” -respondió
    ¿Aló? -volví a decir sin saber si me oía o no.
    -”No llego…”
    ¿¿Alóo?? ¿Me escuchas?
    -”No llego…”
    ¿Ah?
    -”No llego a creerlo. Ahora me voy a dormir para poder digerir esto y mañana ser capaz de comentar”.

  3. Cristobal dice:

    primero que nada… gracias coni por la invitación… y gracias negro por haberle regalado la entrada a la coni… jaja…
    en fin…

    yo fui al concierto sin cachar realmente a lo que iba, me habian dicho que la puesta en escena era buena, pero fue mucho más de lo que yo esperaba, fue espectacular!!!
    y lo de que rompió la pantalla fue notable… como que a veces me entra la duda de si los gallos que están arriba del escenario en verdad están en trance o si estan actuando no más… aquí había catarsis…

    lo único que no me gusto, y que ya es elemento que no falta en los conciertos de estos yankees, es el basureo a bush… que bien merecido lo tiene, pero que no es a nosotros a quienes tienen que decirle eso… aquí la tenemos clarita…

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