Track 5 Another Brick in the Wall (Part 2)

No es raro que al escuchar un tema en particular te encuentras diciendo “cada vez que escucho esto me acuerdo de…” Claro que si ese recuerdo resulta ser una experiencia que, además, es el reflejo del contenido de una canción, sumado al hecho de que pertenezca a una banda impresionante como Pink Floyd, pues resulta una ecuación perfecta como la que viene a continuación.
Cuarto medio. Fin de año. No sólo son los últimos días de clases, son los últimos días del colegio. Sí, al fin lo que anhelaba tras demasiado tiempo de espera comenzaba a materializarse y esa ansiada libertad ya casi se podía experimentar. Pero no. Las cosas no podían terminar tan fácil. Años y años de jumper, de delantal “original” con el que, en realidad, parecíamos humitas azules; horas y horas de recibir información que a los dos segundos mi cerebro desechaba, de alemán a la fuerza, de intentar comprender cosas sólo por la presión de no transformar mi desconcierto neuronal en un numerillo rojo en la libreta de notas; toda una vida escolar tratando de descifrar por qué no me enseñaban nada de lo que yo quería saber, miles de minutos mirando por la ventana pensando todo lo que podría hacer si no estuviera sentada en la sala de clases… ¿Realmente se iba a terminar así de fácil? Pues no. Era un sentimiento general y ninguna de nosotras estaba dispuesta a abandonar ese opresivo recinto así como así. Algo había que hacer. Eso se resolvió de inmediato cuando alguien pronunció en voz alta una idea que, de seguro, nuestras mentes visualizaron maliciosamente más de una vez. Ya no recuerdo con exactitud los detalles de cómo se tramó el plan, aunque sí sé que no fue algo complejo ni que se pensó demasiado. Un día se acordó, simplemente, que durante el segundo recreo (el más largo) sonaría por los parlantes del colegio Another Brick In The Wall (Part 2). ¿Para qué? Para musicalizar un momento colectivo sublime y delicioso: quemar nuestros libros y cuadernos en la mitad del patio.
Al principio, el entusiasmo era desbordante y la participación en el evento era unánime, pero la verdad es que cuando llegó el momento varias se limitaron a observar más que a participar. Nada de eso importó para las que ya habíamos seleccionado los cuadernos y libros que irían a la hoguera escolar. Me acuerdo que cuando la canción empezó a sonar por los parlantes un sentimiento de orgullo y rebeldía me invadió. Nunca ponían música y que Another Brick in the Wall (part 2) estuviera sonando me resultaba tremendamente insolente. Caminando al patio con mis libros y cuadernos en la mano, pensaba en las consecuencias que podía tener lo que estábamos haciendo, en la cara de las profesoras, de las monjas, de las alumnas más chicas y en que no me importaba si recibíamos algún tipo de castigo…
Sin importar dónde esté o qué me encuentre haciendo, es inevitable que al oír Another Brick in the Wall (part 2) se me venga a la mente la imagen del “Wer? Wie? Was?” (mi libro de alemán) retorciéndose entre las llamas. Y esa imagen, a su vez, siempre me hace pensar por qué a The Wall (1979) le tengo un cariño especial, porque fue el disco con el que conocí a Pink Floyd y porque cuando In the Flesh empezó a sonar por primera vez en la radio de mi pieza, a pesar de que era un mugroso casette ultra regrabado, casi me muero de la impresión, de la emoción y la felicidad. Me recuerda también que hay pocas cosas mejores que sentir y dejar que una banda te vuele los oídos, la mente y el espíritu.
¿Qué pasó finalmente con la quemada de libros y cuadernos? Curiosamente, nadie nos dijo absolutamente nada. Nunca entendí por qué. Quizá les dio un poco de temor nuestras caras de enajenamiento y perversa felicidad en torno a la humareda ilustrada; quizá prefirieron evadir el asunto y hacer como que nunca ocurrió. Quizá hasta nos encontraron la razón (poco probable) o, simplemente, no les importó (muy probable). Y a pesar de que esperábamos un cierto revuelo, en definitiva, lo único que sí importó fue que lo hicimos.
bonustrack El coro de niños que participó en Another Brick in the Wall (part 2) pertenecía a un colegio de Islington, Inglaterra, el que fue elegido por estar cerca del estudio. Eran veintitrés chicos de entre 13 y 15 años, quienes no recibieron dinero a cambio. Cuando esto se supo, se generó cierta controversia (a los profesores tampoco les cayó muy bien que los niños cantaran una canción anti-escuela); sin embargo, su participación no fue del todo gratuita, pues les dieron tiempo de grabación en el estudio a cambio de su contribución. Además, el colegio recibió mil libras y un álbum de platino.
Another Brick in the Wall (Part 2)
We don’t need no education
We don’t need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids alone
Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it’s just another brick in the wall.
All in all you’re just another brick in the wall.
We don’t need no education
We don’t need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids alone
Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it’s just another brick in the wall.
All in all you’re just another brick in the wall.
“Wrong, Do it again!”
“If you don’t eat your meat, you can’t have any pudding. How can you
have any pudding if you don’t eat your meat?”
“You! Yes, you behind the bikesheds, stand still laddie!”
July 22nd, 2008 at 5:52 pm
A pesar de que nunca tuve entre mis manos el Wer? Wie? Was? me dieron unas ganas incontrolables de ir a comprar uno para verlo arder entre las llamas…
¿Qué culpa tienen los libros?
Ninguna, pero no sé, me imaginé encerrado en una sala de clases y me arrepentí de no haber protagonizado algún acto subversivo como el que describes.
De todas formas creo que compraré un cuaderno de matemáticas y lo haré repollo
July 27th, 2008 at 11:11 pm
¡Qué imagen más gloriosa! Soñé durante muchos años hacer lo mismo con mis libros de Inglés (aún lo sueño en secreto). La oveja obediente y enamorada (iba más por ahí lo de obediente) siempre tapó un poco a la revolucionaria que llevo dentro, faceta que se dejó ver años más tarde y debido a otras circunstancias.
Los libros claramente no tienen culpa, como dice el amigo de arriba, pero es lo que hay en un sistema donde a uno lo obligan a mirar para adelante, memorizar y cumplir el rol que se nos fue dado… sea éste el de alumno o profesor (sufro de ambas). Está prohibido pensar, esa libertad sólo se la pueden dar quienes están detrás y generan riqueza a través de ese mismo memorizaje de tonteras inútiles… Pero algunos ponemos nuestra cuota de rebeldía ante eso, miramos atentos al presente y mostramos la hilacha revolucionaria… he ahí el porqué de los dramas escolares con los jefes lamebotas (para no caer en lo burdo), amantes del sistema que arde en llamas gracias a esta canción que le pone melodía a tan fantástico recuerdo (recuerdo del que ya me quisiera apropiar para mí misma).
September 27th, 2008 at 1:28 am
Sencillamente notable… aunque me quedo con la imagen de la autora del artículo en jumper (los que tengan la suerte de conocerla en persona entenderán el por qué) y no tanto con la hogera de libros, completamente comprensible bajo el contexto revolucionario aquí descrito, pero siempre cargada de aquella historia nazi-fascista y dictatorial.
Que buen disco The Wall, y que buenos conciertos deben haber dado los Floyd con aquel álbum, construyendo progresivamente un muro en el escenario que, finalmente, impedía que el público viera a la banda durante toda la segunda mitad del show. O con la primera pasada de In the Flesh interpretada por una banda con máscaras de los Floyd, haciéndose pasar por ellos, y el griterío de la gente que luego, desconcertada, notaba que en realidad aplaudía a un grupo de desconocidos disfrazados y que tocaban tan bien como Pink Floyd… inteligente gesto irónico, casi performático.
Un minuto de silencio por R. Wright recientemente fallecido, con lo cual ya se acaba toda esperanza de cumplir el mítico concierto en el Valle de la Luna (sueño hippie inconfesable y oculto en mí).
November 11th, 2009 at 9:15 am
Es verdad Wer?Wie?Was? siempre produjo un odio descontrolado en mi (No así Wild und Wort…recuerdos en b/n) Me habría encantado ser parte del grupo de apoyo y soporte a la rebeldía escolar, pero siempre fui la rebelde solitaria rodeada de obediencia, miradas extrañadas y preguntas. Y, aunque The Wall es un clásico en la relación adolescente - escuela, mi época escolar fue acompañada por A Saucerful of Secrets. Para mi Pink Floyd siempre será Barrett. Desconozco a Gilmore y Watters y siempre reiré por los cosquillas que hace Jugband blues en mi alma.