Track 3 Me by the Sea

La vida, así como las películas a veces deciden mostrarlo, es una sucesión confusa de acontecimientos y pensamientos que, al intentar recordar, parecen estar todos mezclados con un orden que sólo nuestro inconciente sabe por qué organiza de esa manera. Algo así sucede con este track que en realidad debió ser el 2, pero que, al igual que una escena en flashback de un film, aparece ahora para reclamar su merecido lugar en este listado.
Febrero de 1993, Hacienda del Lago Rupanco. Son las últimas vacaciones que podría categorizar dentro de lo que considero infancia. El momento que precede a la adolescente rabiosa que retrataba en el track anterior. Siempre aluciné con Rupanco, pero de todos los veranos que ahí pasé el del ’93 es por lejos el que recuerdo con mayor placer. No porque haya sido el mejor ni el más entretenido de todos o porque sucedieron grandes cosas; simplemente, fue especial. Quizá también porque ahora con el tiempo se hace cada vez más nítido que ese fue el momento previo de muchas cosas. Y cuando se me vienen a la mente todas las imágenes del bosque, del lago, de la pradera inmensa que había, la música que acompaña esos recuerdos es siempre la misma. El disco que suena es Ghost of a Dog (1990) de Edie Brickell & The New Bohemians y la canción que elegí para sintetizar todo eso es Me by the Sea.
Cuando vuelvo a escuchar ese tema me sucede algo muy curioso, en especial al hablar de música. Y es que me transporta a un silencio. Suena contraproducente, pero creo firmemente que la música es capaz de generar una antítesis tan increíble como esa. ¿Te ha pasado alguna vez? Cuando una melodía te deja un poco en pausa, te sostiene en una quietud en la que quisieras permanecer para siempre y, por un momento, parece que no hay nada más, que no existe un “afuera”. Sólo tú y una melodía que es capaz de envolverlo todo de un modo que pareciera que el mundo, por un instante, está hecho sólo de música y, por lo mismo, es como si hubiese un silencio. Para mí, experimentar algo así es absolutamente alucinante. Lamentablemente, no puedo decir que Me by the Sea me produce lo mismo cada vez que la oigo, pero sí me recuerda claramente ese primer silencio musical y cómo me sentí. Y es que ser una niña de temprana (e inquieta) reflexión generaba un cierto desconcierto tanto en mí como en los que me rodeaban. Siempre he pensado que andar con una (o mil) preguntas por la vida no es fácil, pero sí entretenido. Aunque también es muy confuso y muchas veces realmente agotador. Si eres del tipo, entenderás perfectamente a qué me refiero. Y sabrás que esos momentos de calma y paz mental son invaluables y que no quieres que alguien venga a sacarte de ahí, en especial, cuando fuiste inducido a ello gracias a una canción.
Ahora es cuando debiera detenerme en Me by the Sea por un momento; realizar algún tipo de descripción del tema como en los tracks anteriores. Pero esta vez no lo haré. Entonces, ¿de qué se supone que voy a hablar? ¿De mí, de Rupanco, del verano del ‘93? ¿No se trata esta sección acaso de comentarios de canciones? Pues sí. Pero en el fondo, cada track y cada experiencia que relato no son más que una excusa para hablar de música. Desde mi experiencia y mis anécdotas, claro está; porque quizá yo no sea una experta en la materia ni manejo vocabulario técnico, pero sí amo la música infinitamente y lo que quiero es que hablemos de ésta, seamos entendidos o no en el tema. ¿O acaso algún lector (porque si lees bonustrack te gusta la música, eso está claro) me va a decir que no ha experimentado cientos de vivencias musicales distintas? No creo que nadie se intimide por falta de conocimientos específicos para hablar con toda la propiedad del mundo acerca del tema que más ama en la vida, o del que más odia o del que cada vez que oye le recuerda un concierto tremendo, o de lo mucho que le gustaba una banda que tenía abandonada…
Por todo esto que digo fue que elegí, precisamente, Me by the Sea como el track 3. No me parece que sea la mejor canción del disco, en absoluto. Así como Ghost of a Dog tampoco es considerado el mejor trabajo de Edie Brickell y, ciertamente, no es el más conocido. Sin embargo, este track es un muy buen ejemplo de que no siempre tienen que ocurrir importantes sucesos para que un recuerdo se transforme en una memorable imagen, así como no siempre se necesitan grandes canciones para hablar de grandes experiencias musicales.
bonustrack Edie Brickell es una cantautora de folk-rock estadounidense, oriunda de Dallas, Texas. Su primer disco, Shooting Rubberbands at the Stars (1988) es su trabajo más conocido y si no te suena, pues de seguro más de una vez escuchaste en la radio los ya clásicos Circle y What I Am. En 1989 tuvo un pequeño papel en la cinta “Nacido el 4 de julio” de Oliver Stone, donde interpretó A Hard Rain’s A-Gonna Fall de Bob Dylan; su versión del tema aparece en el soundtrack de la película.
En su página web puedes descargar algunas canciones gratis y los simpáticos dibujitos que aparecen los realiza la misma Brickell.
May 14th, 2008 at 7:38 pm
Lástima no conocer Rupanco. Y una lástima no conocer esta canción (como se lo mencionaba a una gran persona en un momento memorable, a pesar de que no estábamos en presencia de un suceso demasiado importante) pues me declaro un completo ignorante en materia de música popular salida después del año 1978 (a lo sumo). Sin embargo, otra vez la descripción cala hondo, pues sí comparto el anhelo de silencio que a veces trae consigo la música, sobre todo para cabezas neuróticas e hiperactivas, generadoras de cólon irritable y crisis nerviosas.
Buscaré esta canción intentando rastrear aquel silencio zen, y si no resulta, buscaré aquella canción que me genere la afección pacificadora del cuerpo y la mente; y si no hay Rupanco habrá plaza, y si no hay lago o mar habrá cielo que, tal como con el track anterior, siempre es saludable remitirse a aquellos rincones olvidados en la rutina de la adultez.
May 19th, 2008 at 6:41 am
Es curioso.. primera vez que no hablas “técnicamente” de nada musical, y aunque es una parte que espero leer pues aprendo, este relato es el que más me ha gustado de los tres.. Está atravesado por ese silencio que tan bien describes y que tanto buscamos, no sólo en la música sino en libros o en lo que sea que acalle la “cháchara” mental (y que bien relatas ese aspecto silencioso del sonido), no se bien cómo describir su lectura, pero es algo así como olor a pasto recién cortado y a aire puro.. es un texto muy espacioso, muy fresco, muy abierto y tranquilizador.
Gracias.
May 21st, 2008 at 8:41 pm
Coincido, no es la mejor canción de Brickell, pero claramente deja un saborcillo melancólico, como de esas cosas que quisieron ser y no fueron nunca…
No siempre es necesario tener la máxima experiencia para que se vuelva fundamental. Hay situaciones que trascienden más allá del trasfondo primario o del fin último (claro ejemplo es mi paso por Las Encinas). Se vuelven importantes por la compañía, por la “banda sonora” que decidimos ponerles, consciente o inconsciientemente. Claramente, no logré lo que entré a buscar pero, sin duda, ha sido la experiencia más memorabe y querida de mi vida…