Track 1 Lucy in the Sky with Diamonds

Si amas la música, de seguro sabes en qué momento ésta irrumpió en tu vida de manera significativa (y decisiva). Todos tenemos un soundtrack personal que no para nunca de sonar y al que, sin duda, ningún fanático de la música está dispuesto a presionar pausa. Porque sabes que alguna fabulosa canción está por incorporarse para que el disco siga sonando.
Tiempo atrás me detuve a pensar en esto intentando identificar no sólo aquel momento, sino el disco que había generado esa revolución musical. Para eso, tuve que remontarme varios años atrás.
Empezó cuando tenía unos 8 ó 9 años. La imagen es la siguiente: una noche de invierno me voy al living, porque la chimenea está prendida (en los años en que aún estaba permitido) y aprovecho que no hay nadie para poder intrusear la cajita donde mi papá tenía sus casettes. El criterio de selección es simple: las tapas más lindas serán las elegidas. Eso, inevitablemente, centró mi atención en dos: Yellow Submarine y Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band de The Beatles (porque bueno, ¡qué carátulas!). Lo que no sabía es que dentro de esos coloridos casettes había algo tremendo con lo que mis oídos infantiles simplemente alucinaron. Esa noche fue la primera de muchas sesiones nocturnas con los Beatles, en las que esperaba ansiosa que todos se fueran a dormir para poder bailar al ritmo del Yellow Submarine o para, simplemente, acostarme en el suelo al lado de la chimenea mientras sonaba Lucy in the Sky with Diamonds… ¡Ahí fue cuando me di cuenta que la primera pista de mi banda sonora es esa canción!
Oír un tema así, sin prejuicios de ningún tipo y con la libertad auditiva que una mente infantil permite, sencillamente me cautivó. En un colegio donde enseñaban alemán, el inglés me era hasta entonces un idioma completamente ajeno, por lo que sería una mentira decir que prestaba algún tipo de atención a la letra. Pero tal vez fue esa mágica melodía la que, de algún modo, me permitía volar de la mano con Lucy.
Cada vez que la oigo es imposible no deleitarme con ese órgano Hammond que arranca calmo e incitante, como esperando que te unas al viaje que acaba de empezar. Luego la batería que comienza sugerente y armoniosa, pero dispuesta a demostrar que esto cada vez se pone mejor. Ya en la segunda estrofa la música tiene a tus oídos bailando y paseando por esa increíble melodía que en el coro terminó por atraparte completamente. Y Paul siempre ejecutando la progresión fundamental sobre el bajo. El coro final no podría terminar de otro modo que en ese notable fadeout porque, en realidad, es uno quien decide cuándo es el momento para bajarse del viaje en el que acabas de participar. Lucy in the Sky with Diamonds es simplemente especial, lúdica y mágica al mismo tiempo.
Una de las cosas que hoy más valoro de haber encontrado a los Beatles de esa manera tan fortuita, es que nunca me condicionó del modo que he visto en muchos beatlemaníacos. Me refiero a esa curiosa sensación de que, para demostrar que realmente te gustan muchísimo los “Fab4”, entonces tienes que saber bastante sobre ellos. Manejar una cantidad importante de datos y trivia de la banda para poder sacar a relucir en cualquier conversación al respecto, de manera que alguien se vaya pensando: “ah… ¡al tipo realmente le gustan los Beatles!”. No tengo nada en contra de quienes se preocupan de nutrirse con ese tipo de información y que lo disfrutan. Yo también manejo cierta trivia al respecto. Sin embargo, todo eso siempre me resultó innecesario para apreciar como se merece a una banda (la que sea). Ahí es cuando pienso que, en realidad, no puede importar menos confirmar el eterno mito de si fue intencional o no que las siglas de Lucy in the Sky… coincidieran con la famosa droga alucinógena con la que, casualmente, los Beatles experimentaban por aquellos años en los que se editó Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band. Y es que, finalmente, ¿qué importa si no sabes qué decía John cuándo le preguntaban por las siglas de esta canción? ¿Qué importa si no sabes cómo se conocieron Lennon y McCartney, o si no te acuerdas del apellido completo de Ringo, de las fechas de cada disco o del último lugar donde tocaron en vivo? Al menos a mí me resulta irrelevante. Sobre todo cuando pienso que Lucy es realmente el track 1 de mi disco y que cuando la oía no sabía absolutamente nada de los Beatles ni de música. Ciertamente, The Beatles volverán a aparecer en el listado, pero quizá ahora deba escuchar un poco más y ver qué canción le sigue a Lucy in the Sky with Diamonds.
bonustrack Pienso que este blog se trata de poner la música en palabras. Pero qué difícil es ponerle palabras a la música siendo la experiencia auditiva tan emotiva y abstracta al mismo tiempo. No soy una experta en la materia y escribir de música no es mi especialidad sobre todo porque mi fuerte son las artes visuales, pero la verdad es que no sólo oigo la música, también la veo. Y de eso se trata un poco todo esto.
April 16th, 2008 at 12:25 am
Una canción extraordinaria y un relato notable.
Bienvenida!
April 16th, 2008 at 11:38 am
Te felicito amiga, ¡¡hermoso reporte emocional vivencial musical!!!
April 16th, 2008 at 3:56 pm
Me gustó mucho este relato, pues no es común ver en este tipo de páginas especializadas, una prosa tan evocadora, tan sincera y que más allá del personaje o relator; nos identifique como seres no necesariamente melómanos, pero sí personas atravesadas por la experiencia musical en todas las etapas de nuestra vida.. pues qué es la vida sin esas melodías! Este pasaje no es sólo una entretenida lectura para sobrellevar la rutina, sino sobre todo, una invitación…
Sin duda en los paréntesis de esta alocada vida, me detendré a pensar en mi propio soundtrack.. y espero tener la lucidez, la memoria y la pasión de María K. Gracias! y esperaré ansiosa el track 2.
April 19th, 2008 at 12:13 am
Este tipo de narraciones siempre son una brisa refrescante entre aquel exceso de información con la cual nos nutrimos cotidianamente los melómanos. Me siento plenamente identificado con aquel estereotipo beatlemaníaco que se sabe de memoria hasta la talla de ropa interior de Neil Aspinall (Q.E.P.D), y cuántos anillos tenía Ringo en cada mano. Por ello, volver “a las raíces” emotivas que este relato supone, no es sino un llamado de atención respecto al goce musical: no solamente es necesario “intelectualizar” la música, no es solamente necesario informarnos respecto del último concierto o de la banda “que la lleva” ahora, sino también reconectárnos con nuestra propia historia íntima, y re-descubrir aquella memoria musical que todos llevamos dentro.
También espero ansioso el track n°2.
April 25th, 2008 at 12:11 am
Hace un tiempo descubrí que hay, no sólo distintos tipos de música en cuanto a estilos o géneros, sino también cuando se refiere a la emocionalidad innata de cada uno. Cuando descubrí eso, me cambió la visión de casi todo. En el fondo, lo que vale es eso que te llega hasta los huesos, que te hace sentir como cosquillitas en el pecho (sin ánimo de parecer cursi), que por alguna extraña razón te identifica y te proyecta, aunque ni siquiera sepas porqué ni cómo. En ese “cofre” de música-emocional guardo a pocos; sé que tú, María K., guardas a los chascones “coléricos” de Liverpool (y aquí se nota!)…
May 14th, 2008 at 9:22 pm
que divertido porque esta cancion es no se porque, para mi muy de invierno. me imagino felpas amarillas, porque cada letra tiene su color y lucy es amarillisima..
Lo mas divertido fue imaginarte de chica bailando! me gusto mucho ! ademas de que siempre te he considerado una britanica sesentera en potencia..
besos!
October 18th, 2008 at 11:44 pm
comienzo tarde a recorrer estos tracks, pero vamos bien ya me subi la nave ahora me voy l dos
beso y hasta luego
October 19th, 2008 at 3:41 pm
Pues bienvenido a la nave!!…
y ya se vienen más así que espero sigas a bordo!