The Datsuns en Rockola

Por estos lados, no es común hablar sobre la música de Nueva Zelanda. No son frecuentes las noticias sobre sus bandas y, salvo contadas excepciones, sus nombres no ocupan columnas de revistas, minutos de radio ni posts de blogs. Por este motivo, era de esperarse que sólo unos pocos llegaran hasta la Rockola para ver a The Datsuns, un cuarteto que viajó hasta Sudamérica para demostrar que en cualquier rincón del mundo se pueden volar tímpanos y sacudir esqueletos.

Hacía años que no iba a la Rockola. Más de diez. Quizás más aún. Me acordaba que el escenario estaba en altura y que había un segundo nivel que permitía verlo desde arriba, pero me costaba calcular, a priori, cuánta gente cabía y no recordaba qué tan buena era la calidad del sonido. Las respuestas tardaron poco en llegar. El clásico recinto del barrio Bellavista es apropiado para conciertos de quinientas personas y el sonido es bueno, pero no da para recordarlo diez años. La sobrepoblación de parlantes avisaba, sin embargo, que la noche sería generosa en decibeles.

Guiso, los encargados de telonear, subieron al escenario antes de que llegara la segunda mitad del público. La banda de Álvaro Guerra (voz y guitarra), Bernardita Martínez (voz y bajo), Alejandro Gómez (voz y guitarra) y Álvaro Gómez (batería) presentó un show corto, correcto y adecuado para calentar los oídos de un público que no los venía a ver a ellos y que, a pesar de eso, los recibió con muestras de respeto y cariño. Buen sonido, la actitud de siempre y un repertorio que compiló diferentes etapas de su carrera y tuvo su mejor momento en Coerción.

The Datsuns es una de aquellas bandas que da la vida en el escenario y tocan el mejor concierto que sus mentes, cuerpos y destrezas son capaces de ensamblar. Irrumpieron en el tablado cerca de la medianoche y estuvieron allí durante una hora y cuarenta minutos de música a todo volumen. El cuarteto integrado por Dolf De Borst (voz, bajo), Phil Buscke (guitarra), Christian Livingstone (guitarra) y Ben Cole (batería) propone un tipo de rock basado en el sonido de los ‘70 con la velocidad y explosión bailable del rock actual. Formados en 1997 en Cambridge, Nueva Zelanda, ganaron una batalla radial de bandas en 1999 y, de ahí en adelante, no pararon de tocar llegando incluso a ocupar el escenario principal de Ozzfest (2003) y el prestigioso festival australiano Big Day Out (2004).
Su gira sudamericana corresponde al tour promocional de su tercer álbum titulado Smoke & Mirrors (2006) y, aunque la mayor parte de su repertorio estuvo basado en este disco, también presentaron material de The Datsuns (2002), Outta Sight, Outta Mind (2004) y adelantaron algo de su cuarto álbum de estudio, el que aún no tiene título pero ya está grabado y será publicado en julio/agosto de 2008.

Su presentación en la Rockola estuvo marcada por el volumen y la entrega. Fueron un batallón de power rock bailable que tuvo en sus dos guitarristas a los principales cañoneros de una ráfaga de fuego eléctrico, que fue bien secundada por una batería maciza y un bajo que marchaba al compás de una voz punzante.
Al analizarlos con detenimiento aparecen ciertas poses que pueden resultar algo irritantes. La forma en que toman los instrumentos, se paran y se mueven recuerda una y otra vez a Led Zeppelin y Thin Lizzy, sobre todo los movimientos del cantante Dolf De Borst y el guitarrista Phil Buscke. Pero si logras pasar por alto aquel detalle y te concentras más en cómo suenan que en cómo se ven, será muy difícil no sorprenderse ante un acto de rock que tiene todo lo que se necesita para salir bien parado de cualquier escenario: actitud para regalar, versatilidad y buen repertorio.

A mi juicio, The Datsuns dio uno de los mejores conciertos de rock que se han visto en el último tiempo y su presentación me gustó mucho más que lo que le vi a Interpol y The Rapture, dos bandas con bastante más cartel y bastante menos alma que pasaron hace poco por el teatro Caupolicán. Lamentablemente para The Datsuns, eso de tener renombre aún pesa demasiado y sólo algunos pocos llegaron hasta la Rockola para ver un concierto que mereció mucho más público.

Si te gusta el rock a la antigua y tu excusa para no ir fue menospreciativa, prejuiciosa o peyorativa hacia The Datsuns, te equivocaste cien por ciento. Aquí va un consejo gratis: si te encuentras con alguien que fue y dice “te lo perdiste”, piensa en una coartada que no tenga que ver con desmerecer al grupo, para no quedar como gil.

bonustrack The Datsuns estuvieron casi dos horas sobre el escenario y, al final del show, se notaba que no quedaba mucho repertorio en carpeta. Los aplausos del público estiraban el bis y la banda anunciaba un cover para saciar el hambre del respetable. Y cuando más de alguien debe haber pensado “aquí viene Paranoid de Black Sabbath o alguna de los Stones” llegó una excelente versión de “The KKK Took My Baby Away” de los Ramones.

Un comentario en “The Datsuns en Rockola”

  1. Gonzalo... dice:

    Uuff, fue un concierto memorable el de The Datsuns, por plata y por permisos para un menor de edad estuve a punto de no ir jeje, pero me gané unas entradas así que fui feliz. Eso si conociendo super poco del catálogo de esta banda, solo había escuchado el primer disco y algo de los siguientes.

    Pero lo que me sorprendió fue la fuerza que tienen para tocar en vivo, la cagaron, y sobretodo los dos guitarristas, que poder!!, obiamente se notaban a simple vista las influencias… AC DC, Black Sabbath, The Who (al principio el 1º guitarra probaba con Won´t Get Folled Again) o también cuando Livingstone hacía los famosos remolinos con el brazo a lo Pete Townshend; Led Zeppelin… la parada del primera guitarra era muy evidente del estilo de Jimmy Page, y bueno todas las Les Paul que tenía también era evidencia. Además de sus solos que eran increibles.

    Disfruté mucho esa noche y cuando se acabó el set list fui uno de los muchos que ppensó que venía algún cover de algún clásico, epro yo me imaginé algo de Zeppelin, o de The Who; pero KKK took my Baby Away fue una gran sorpresa y temón de The Ramones. Me fui feliz.

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