Milton Nascimento en Teatro Caupolicán

La voz de Milton Nascimento no es la de un tipo de 64 años. Su físico tampoco representa esa edad y si no fuera por lo lento y pausado de su caminar sería difícil de creer que nació el año 1942 en Río de Janeiro. Sobre el escenario del Teatro Caupolicán se encontraba un hombre tan famoso como su ciudad natal, un embajador musical de Brasil que volvía a presentarse en Santiago de Chile tras 10 años de ausencia.

La banda de Milton Nascimento está compuesta por 6 músicos jóvenes que resultan tan protagonistas del show como el legendario compositor. A diferencia de Toquinho (que nos visitó en noviembre), la música de Milton Nascimento suena mucho más contemporánea y se fusiona en códigos más universales con el jazz norteamericano y con estilos propios de otras latitudes. La guitarra es tan protagónica como la percusión, el bajo y el saxo formando una pulida capa sonora que deja servida la mesa para el verdadero festín que Milton ofrece con sus cuerdas vocales.
La ejecución de los instrumentos es certera y cuidadosa y cada sonido está en su justo volumen. La batería resguardada por una jaula acrílica con el fin de aislar su sonido de los demás instrumentos y obtener una pureza propia de los estudios de grabación, la guitarra perfectamente digitada y una percusión que sacaba miles de sonidos provenientes de una serie de fascinantes adminículos que constantemente desviaban la atención del público hacia ese rincón del escenario e hicieron brotar los más sinceros aplausos de la noche.

La suma de factores en torno a la perfección del sonido, además de lo idóneo que resulta el Teatro Caupolicán para este tipo de ambiciones, permitió que la presentación de Milton Nascimento fuera auditivamente impecable aunque, a mi parecer, le quitó al concierto ese secreto aire de intimidad y nostalgia que con frecuencia rodea a la música proveniente de Brasil. El show a ratos fue frío, las cerca de dos horas de música tuvieron más de perfección que de emoción y me quedé con la impresión de que faltó un poco de piel al espectáculo.
El repertorio de Milton se paseó por la parte central de su discografía, dejando de lado los temas más antiguos y también los más recientes. Entre las versiones más destacadas se encontraron Cançăo da América, Coraçăo de Estudante, Encontros e Despedidas, Lilia, Nos Bailes Da Vida y Travessia.
También hubo espacio para la participación de invitados especiales. Los primeros en subir al escenario fueron Isabel y Tita Parra acompañadas de Antar Parra en guitarra para interpretar Volver a los 17. Nascimento se encargó de presentar el tema de Violeta Parra como “un Himno Internacional al Amor” y alternó en la interpretación de las estrofas con las dos mujeres. Si el show de Milton Nascimento tuvo un punto bajo sin lugar a dudas se trató de este. ¿Por Qué? ¿Cómo es posible que una voz privilegiada falle en la interpretación de una canción tan hermosa? Fueron varios los motivos. El principal de ellos fue el corte que se produjo entre un show de impecable ejecución con una presentación de peña folclórica, con aberrantes desigualdades de voz e imperdonables descoordinaciones a la hora de cantar. Los aplausos que cayeron desde la galería en esta canción se debieron a que es una canción chilena y a tintes más propios de la política que de la música. Creo que hubiese sido mucho más emotivo que Milton Nascimento la hubiese cantado solo.
La intervención de Pedro Villagra (que interpretó Cuerpo y Alma) y de los integrantes del grupo Agua (que interpretaron Caldera) fueron correctas y no desentonaron con el show de Nascimento.
Luego de casi dos horas de música, Milton Nascimento invitó a todos los músicos a subir al escenario para el gran final que estuvo a cargo de la eterna María, María. El concierto terminó y el público siguió aplaudiendo a pesar de que las luces del teatro se habían encendido. Milton volvió al escenario cuando la mitad de la gente ya había abandonado el recinto e interpretó un breve bis cantando, nuevamente, un extracto de María, María. Todos quedaron contentos.

bonustrack Cuando comenzaron a vender las entradas para Milton Nascimento el concierto iba a ser en el Court Central del Estadio Nacional. Eso decía mi entrada y no alcancé a enterarme a tiempo que el lugar había cambiado al Teatro Caupolicán. Podrán imaginar mi cara de sorpresa cuando llegué al Nacional y no había nadie ahí. Por suerte aún faltaba media hora para el concierto y uno de mis amigos había comprado su entrada ese mismo día, en su ticket decía Teatro Caupolicán y logramos llegar al recinto definitivo antes de que la música comenzara. Se supone que el cambio de escenario respondió a las ventajas de sonido y seguridad del Caupolicán frente al Court Central, también se dijo que el lugar había cambiado debido a factores climáticos. El ticket que encabeza este reportaje quedará como el anecdótico recuerdo de tal despelote.

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